
“Seamos libres, y lo demás no importa nada”… En esta célebre frase, pronunciada por el Libertador San Martín previa al Cruce de los Andes, durante los preparativos del Cruce de los Andes, sintetiza su brújula moral; porque, para él, la emancipación de los pueblos no era solo una victoria militar, sino una profunda elevación cívica y moral.
El perfil reflexivo de San Martín hace que se revele como un pensador profundo y, además, un verdadero estadista. La ética, el humanismo y la educación eran su ideario, sus valores, su sustento de vida en el que priorizaba el bienestar colectivo, situándolo por encima del poder. Fue un defensor incondicional de la justicia social y los derechos de los más vulnerables. Además, promovió incansablemente la educación de los pueblos y la soberanía de los pueblos americanos.
A lo largo de su vida, San Martín actuó con convicción y coherencia, manteniéndose siempre por encima de las disputas entre bandos. Como un profesional militar, se destacó de manera excepcional, además de demostrar estar dotado de una profunda visión política y humanista. Para el General, la libertad y la emancipación de América no eran negociables. Dejando de lado privilegios y comodidades, entendió que romper las cadenas del dominio colonial era una cuestión de supervivencia y así lo demostró su gesta: seamos libres, y lo demás no importa nada.
La dependencia nos hace perder la libertad y, si la felicidad nos la da una persona u objeto externo, nos volvemos dependientes. No hay recetas extraordinarias para ser feliz, sino caminos individuales de cada uno, que llevan a diferentes grados evolutivos.
Tengamos en claro que tener lo que se busca, ya lo poseemos y no nos damos cuenta que está allí. Necesitamos buscar el espacio interior que genera nuestro estado de felicidad y la conexión con lo divino; no hace falta usar la inteligencia para ir, sólo una mirada para el interior de uno. La búsqueda de nuestra conciencia es la búsqueda espiritual, es nuestra divinidad interior. Para esta búsqueda no hay fórmulas exactas; pero deberíamos darnos cuenta que en el fondo somos Luz en movimiento… ¿Qué esperamos para tomar consciencia de que somos esa Luz, de nuestro origen? Nos enredamos en los laberintos de la personalidad y, para encaminarnos hacia el alma, el trabajo interior y la meditación hacen de antídoto para sanar nuestros patrones negativos.
Cada camino es una aventura individual y, en algunos casos, debemos enfrentarnos con huellas emocionales, esas experiencias del pasado que han dejado cicatrices y, trabajando nuestro interno, serán luz; y esta luz es la esencia, es el común denominador que une la creación, la vida y el cosmos.
El General Don José de San Martín, cuyo nombre completo es José Francisco de San Martín y Matorras, es el prócer máximo de la Argentina, es el Padre de la Patria; pero su verdadera grandeza radicó en su pensamiento humanista, en su visión de emancipación y felicidad de toda América Latina… Su legado, cimentado en valores como la libertad, la igualdad y la justicia social trascendió las fronteras de Argentina.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe Un abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga y prospere en todo; y que derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.
Claudio Valerio
© Valerius
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