COLUMNA DE OPINION

Fortín Malvinas

Por VGM Enrique Oscar AGUILAR

 

Testimonio de Francisco «Mono» Altamirano.

 

Primera Parte

 

Integró la patrulla que dio muerte al Cap Hamilton del SAS y capturó al cabo Fonseca en Howard.
Malvinas: cómo sobrellevar el peso de una derrota
Retirado del Ejército argentino en el año 2000, Altamirano combatió en las islas Malvinas como integrante de una compañía de comandos. Se refirió a la mala conducción de la alta comandancia, a la improvisación y el padecimiento de muchos soldados.
«Cada 2 de abril que pasa no hay nada para festejar. En realidad lo que se conmemora es una recordación de los muertos por Malvinas y el día designado al veterano de dicha guerra», declaró el militar retirado Francisco «Mono» Altamirano, ex combatiente en el archipiélago Malvinas, residente en Santo Tomé.
«Yo digo que regresé de las islas y seguí viviendo con el peso de una derrota; uno se prepara durante muchos años y de pronto por una mala conducción, o una apreciación errónea de la situación, se encuentra con que no pudo recuperar definitivamente las islas», agregó. «Incluso, cuando nuestro ejército se movilizó hacia Malvinas, se creía que los ingleses no venían a combatir; pero luego empezó a trabajar el servicio de Inteligencia, que se encargó de reconocer y de investigar cuál era la finalidad del desplazamiento de la flota de la OTAN que se dirigía por el Atlántico hacia el sur; entonces nos dimos cuenta de que venían pertrechados con todo y no a una simple escaramuza», continuó narrando Francisco.
«Error de apreciación»

Altamirano llegó a Malvinas el 27 de abril de 1982 (justo el día de su cumpleaños 34) y tuvo contacto con el enemigo a partir del 1° de mayo, cuando los aviones británicos bombardearon la pista de aterrizaje de Malvinas. «Ese fue un error de apreciación, porque nosotros estábamos convencidos de que no iba a pasar nada y de que íbamos a poder negociar; o que sólo se trataba de unos tiros y nada más. Eso era lo que se decía durante los primeros días; hasta que después del 1° de mayo vimos que la cosa venía en serio, puesto que con los primeros bombardeos ya todo el mundo se puso en situación», añadió Altamirano, a quien no siempre le resultó fácil hablar sobre este tema.
«Yo formé parte de la compañía de Comandos que es una unidad compuesta por cuadros de oficiales y suboficiales y oficiales que pertenecían a la especialidad de comandos. Mi compañía tenía 55 hombres: un jefe dividido en tres secciones, que a su vez estaban divididas en grupos. Nuestras misiones eran hacer reconocimiento sobre los movimientos del enemigo, obtener información de los desplazamientos de su logística, intentar golpes de mano en objetivos definidos; hacer patrullas y emboscadas».>
«A partir del desembarco enemigo, se empezó a movilizar con mucha más celeridad a las tropas comandos, buscando detectar los movimientos que hacían ellos, que una vez que establecieron su cabeza de playa en San Carlos empezaron con sus desplazamientos y toda su logística; a partir de allí se registraron algunos combates; no cuerpo a cuerpo, que por todos los medios técnicos que existen ya no se dan, aunque sí hubo emboscadas que repeler y enfrentamientos con capturas de prisioneros», afirmó nuestro entrevistado.>
Encuentros con el enemigo:

«El día 10 de junio, cuando ya se veía venir el desenlace, nos tocó hacer una patrulla de reconocimiento en las inmediaciones de San Carlos y ahí nos tocó afrontar lo que se denomina combate encuentro. Nosotros éramos cuatro comandos que estábamos en un cerro observando para San Carlos y pasando información a través de la radio. Cuando regresamos a nuestro emplazamiento que era en Puerto Howard, nos encontramos de casualidad con una patrulla inglesa de dos hombres; se produjo un tiroteo con los ingleses y el resultado fue un oficial muerto (el capitán John Hamilton) y un suboficial capturado prisionero (el cabo primero Roy Fonseca)».
«Regresamos a Puerto Howard, que era el lugar donde en ese momento teníamos una fracción de comandos porque habíamos quedado aislados en Gran Malvinas. Salimos a hacer operaciones; nos llevaron cuatro helicópteros y nos dejaron para ir a buscarnos a las 72 horas; pero cumplido el plazo, cuando cruzaron otra vez el estrecho para encontrarnos, aparecieron aviones Sea Harrier y de los cuatro helicópteros bajaron a tres; quedó solamente uno, porque el piloto encendió un cilindro humoso y eso les hizo creer a los ingleses que estaba incendiándose. Con ese helicóptero llegamos a Puerto Howard, donde cargamos al prisionero que entonces fue llevado a Puerto Argentino. Como no cabía toda la unidad o fracción, hubo una parte que se quedó a finalizar la guerra».>
Falta de medios y presión psicológica:

«En contra de nuestro objetivo, incidió el intenso frío. Para nosotros, teníamos ropa adecuada, porque las tropas Comando estaban bien instruidas y equipadas, pero para el soldado convencional, la vestimenta era bastante escasa. Además, en alguna de nuestras unidades, los soldados sólo pudieron tirar diez tiros. Es triste decirlo, pero fue la realidad», siguió contando. «También repercutió la presión psicológica de los bombardeos y cañoneos durante los momentos claves, como los horarios de las comidas o la medianoche, que lo único que hacían era mantenerte en tensión. Es una de las estrategias del enemigo, el desgaste que produce el adversario, porque así se consigue una presión psicológica, a través del hostigamiento permanente», prosiguió.
«Los medios que teníamos no fueron suficientes.

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