Interés General
Niños, adolescentes y pobreza: el 40% de los niños no tiene acceso a ropa o calzado
Las privaciones que afectan a las infancias siguen siendo críticas y modifican su desarrollo.

La denominada “infantilización de la pobreza” continúa siendo una característica estructural de la Argentina. El concepto socioeconómico que describe un fenómeno estructural: los niños, niñas y adolescentes sufren tasas de pobreza sistemáticamente más altas que el resto de la población adulta.
Según un informe de la UCA (prestigiosa universidad privada) durante el último año el 37,5% de los niños y adolescentes tuvo dificultades para comprar ropa o calzado por motivos económicos. Más allá de la alimentación y la vivienda, otros aspectos esenciales para el desarrollo y la integración social se ven comprometidos por la falta de recursos en los hogares argentinos.
Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, destaca también que el 36,8% presentó problemas en el aprendizaje escolar, mientras que el 27,3% tuvo dificultades para hacer amigos y el 18,1% atravesó situaciones de malestar emocional.
De acuerdo al centro de estudios, la pobreza infantil volvió a aumentar en el primer trimestre de 2026. El indicador llegó al 30% en los primeros tres meses del año. La indigencia también mostró un incremento. Actualmente alcanza a más de 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes (42,5%). La indigencia, por su parte, afecta a 1 de cada 10 (9,5%).
En un contexto de deterioro de los ingresos y aceleración inflacionaria, la pobreza subió al 30% en el primer trimestre del año y la indigencia al 6,5%, lo que implica un aumento de 0,1 y 0,4 puntos porcentuales, respectivamente, en relación al último trimestre de 2025. El dato implica que la pobreza dejó de bajar y que se produjo una reversión de la tendencia evidenciada desde fines de 2024.

El estudio remarca que la AUH y la Tarjeta Alimentar explicaron más del 90% de la reducción estimada de la pobreza infantil y cerca del 97%-98% de la disminución de la indigencia entre los niños, una incidencia muy superior a la de otras ayudas públicas o de organizaciones sociales.
Sin embargo, ha de tenerse en cuenta que aunque la pobreza disminuyó entre 2024 y 2026, la distancia promedio entre el ingreso de los hogares pobres y el valor de la Canasta Básica Total se mantuvo prácticamente sin cambios. De tal manera que, los valores indican que quienes continúan siendo pobres no están más cerca de superar esa condición que en los peores momentos de la crisis.
De acuerdo con las estimaciones de UNICEF, la pobreza entre niños, niñas y adolescentes podría alcanzar el 44,4% en el primer semestre de 2026, mientras que la indigencia llegaría al 10,8%. El organismo advierte que la trayectoria de los ingresos de los hogares, el costo de las canastas básicas, las condiciones del empleo y el alcance de las transferencias sociales serán claves para determinar la magnitud de este eventual deterioro.
El estudio advierte que, más allá de la evolución reciente de los indicadores de pobreza e indigencia, persisten fuertes privaciones materiales que afectan la vida cotidiana de las infancias. Como mencionamos anteriormente, entre ellas, una de las más concretas es la dificultad para acceder a ropa y calzado.El problema se profundiza de manera marcada a medida que empeora la situación socioeconómica del hogar: alcanza al 58,3% entre quienes pertenecen al nivel socioeconómico muy bajo, frente al 17,8% registrado en el estrato medio alto.
El diagnóstico de la UCA nos hace reflexionar ya que plantea una mirada que excede el dato de ingresos: la pobreza infantil también se expresa en la imposibilidad de comprar una prenda o un par de zapatos, en las dificultades para aprender, en los problemas para relacionarse con otros y en el malestar emocional.
Aunque los indicadores generales muestran una mejora respecto de los años más críticos, millones de chicos todavía enfrentan privaciones que condicionan su presente y pueden dejar consecuencias sobre su desarrollo futuro.




