
¿Dónde están nuestras fallas; dónde está nuestro error? ¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué acumulamos más y más decepciones?
Con voracidad, y tal vez muchos días, corremos tras sueños que nunca llegamos a realizar. Buscamos descubrir dónde está la felicidad y es muy posible que jamás la encontremos. Nos hemos esforzado en buscarla y comprobamos que no llegamos a lugar alguno.
La felicidad está en valorar las cosas simples de nuestra rutina diaria, en valorar el tiempo compartido, en los pequeños detalles, en la paz mental; todas estas piezas clave para un mayor bienestar emocional.
La felicidad se refleja en disfrutar de un día al aire libre y soleado, en poder compartir tiempo con los amigos y, desde luego, con la familia, en disfrutar de una charla tranquila disfrutando de un buen café, mate o té y así pausar la mente; en gozar de una tarde soleada en la Costanera de la ciudad de Campana… La felicidad no es una meta lejana, sino que es el reflejo de poder soltar las preocupaciones y valorar el verdadero sentido de estar vivos.
Cada persona busca la felicidad de maneras diferentes construyendo su propio mapa, influenciado por sus valore, su historia y personalidad, hacia su estado de satisfacción, hacia su comodidad, hacia su bienestar.
En la siguiente narrativa, ficticia y breve, tenemos cómo su personaje principal, tras la búsqueda de una alegría, tal vez efímera, pero que conserva todo su valor, alcanza la dicha, la alegría intensa y sus acciones lo demuestran.
En un convento, la hermana Juana, una joven monja, cierta mañana se despierta sintiéndose muy bien; se levanta de la cama y se dirige hacia la cocina para desayunar… En el camino, se encuentra con la hermana Norma y la saluda: «¡Hola!, buen día hermana Norma», a lo que la hermana Norma responde: «Buen día hermana Juana; veo que esta mañana te levantaste del lado equivocado de la cama».
La hermana Juana no entendió la respuesta de la hermana Norma, no entendió lo quería decir con eso y, si bien quedó un poco desconcertada, lo ignoró y continuó hacia la cocina.
Pasando por el jardín, se cruza con la hermana Elena, con suma cortesía le dice: «¡Buenos días hermana Elena!, espero que hoy sea para usted un gran día!»… La hermana Elena, con calma, responde: «Ten un buen día hermana Juana!, veo que hoy te levantaste del lado equivocado de la cama». Muy ansiosa por saber el por qué le han estado diciendo sus hermanas, Juana decide ir a ver a la madre superiora que, en ese momento, se encontraba en su oficina… Sara entra decidida a decirle a la madre superiora lo que realmente sentía y le pregunta: «Madre superiora, yendo hacia la cocina muchas hermanas me han dicho que me levanté del lado equivocado de la cama; pero no entiendo el por qué me lo dicen»… La reverenda madre le indicó: «Hija mía, eso es porque traes puestos los zapatos del padre José»
A veces creemos que la alegría depende de grandes logros externos. Sin embargo, la felicidad consiste en apreciar lo simple y en regalarse instantes de calma a uno mismo y a los demás; porque la felicidad y el placer, si bien no son lo mismo, están conectados. El primero se trata de una recompensa biológica momentánea e inmediata y, la otra, se construye.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un Abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en todo, y que derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y Prosperidad.
Claudio Valerio
®. Valerius





