
¿Es posible cocinar con flores? ¡Por supuesto! La naturaleza florece para regalarnos un delicado despertar de los sentidos; ellas se abren paso, invitándonos a un despertar de inolvidables experiencias sensoriales.
Cocinar con flores es una práctica milenaria que transforma cada comida en una experiencia sensorial y elegante. Mucho más que un simple adorno, este arte culinario incorpora pétalos y brotes que aportan sabores únicos, aromas delicados y una explosión de colores vibrantes a la alta cocina y a las preparaciones cotidianas. No es algo extravagante o novedoso; son muchas las recetas en las que se pueden observar de que, desde tiempo atrás, se hace alusión a su uso.
Desde luego que si se quiera cocinar con flores, como un grato y novedoso recurso culinario, nos debemos de asegurar que las mismas sean comestibles porque, y tener en cuenta, que no todas lo son… Las flores, además de un agradable aroma y sabor, resaltan la complejidad de los sabores, potencian los aromas y equilibran las texturas; todo esto hace que en nosotros se cree una sinfonía de sensaciones en el paladar, haciendo que los distintos platos, licores y vinos sean más atractivos. Combinando magistralmente alimentos y bebidas, conseguimos el equilibrio perfecto entre cada plato y bebida, realzando los sabores y transformando a la comida en una vivencia única.
Las flores comestibles se usan en ensaladas, postres, e infusiones aportando aroma, color y textura a la gastronomía. Variedades como la capuchina, conocida también como “taco de reina”, tienen un sabor ligeramente picante; el pensamiento, con un sabor ligeramente dulce y suave es, por sus vibrantes colores, ideal para decorar platos, postres y ensaladas; la lavanda, flor aromática, ideal para aromatizar budines, masas de galletas, glaseados y cremas, enriquece los platos de la alta cocina.
Las flores aportan sabores exóticos que pueden hacer la delicia de cientos de platos; además ellas aportan sabores inusuales y matices de frescura que sorprenden al comensal. Si bien pueden utilizarse de forma decorativa, por sus atractivos colores y llamativos olores que desprenden, hacen que se estimulen los sentidos. Jazmín, flores de azahar, magnolia, pétalos de rosa recién cortados, de mejorana (aromática de la familia de la menta), hojas de malva y otras más, son algunos ejemplos de las que se pueden utilizar.
Pensar que la utilidad de las flores se agota en su belleza visual o como símbolos de afecto es un grave error. Su magia se extiende mucho más allá, integrándose en un universo de posibilidades: en el arte gastronómico, donde despiertan nuestros sentidos aportando aromas, texturas y colores; y en la medicina natural, aprovechando sus múltiples propiedades curativas y nutricionales para el bienestar de nuestro cuerpo.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe Un abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga y prospere en todo; y que derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.
Claudio Valerio
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