
Será un día sombrío para la humanidad cuando los hombres se encuentren plenamente conformes con la vida que llevan, con los pensamientos que conciben y con las actitudes que adoptan; será ese día, ese instante preciso, en el que muera el deseo de aspirar a algo mayor… El día en que el ser humano se conforme por completo con su presente, sin que tenga ambiciones, sin que albergue dudas y sin que en él habite el impulso de superarse, será el principio del estancamiento.
El día en que el ser humano se rinda por completo a las comodidades de su presente, en el que se extingan sus ambiciones, sepulte sus dudas y apague el impulso innato de superarse, ese día marcará el verdadero principio de su estancamiento. La autosuficiencia absoluta no es paz, sino un estado de adormecimiento. Quien cree haberlo alcanzado todo y haber descifrado el mundo pierde el motor de la curiosidad, que es el alma del progreso. Sin la sana inquietud que provoca la duda, ni el inconformismo que empuja a romper los propios límites, la existencia se reduce a una repetición mecánica, desprovista de evolución y de grandeza.
La vida es un desafío. Es una batalla constante en busca de la realización de sueños y propósitos. Como sería monótono no tener un problema a resolver, un obstáculo a sobrepasar, un sueño difícil a realizar. ¿Qué gracia tendría la vida si no necesitásemos “se fuertes y valientes”, si no necesitásemos “creer y no temer”; si no hubiese una razón para tomarnos de las manos de Dios y avanzar en el camino que conduce al bien.
¿Cómo sabríamos si estamos felices si no hubiese llanto, dudas, aflicciones? No tendríamos que perseverar y tener bueno ánimo, no necesitaríamos luchar para alcanzar victorias y olvidar las derrotas. No habrían frustraciones y decepciones y ni la alegría de conmemorar la conquista al vencer ésos momentos difíciles.
¿Cómo podríamos experimentar la verdadera satisfacción de alcanzar la cima si no tuviéramos montañas complejas que escalar en nuestra mente y en nuestra vida cotidiana? Los grandes logros carecen de peso cuando el camino es completamente plano.
¿Cómo aprenderíamos a levantar la voz con orgullo y celebrar al cruzar un mar de adversidades si nunca nos viéramos forzados a abandonar la comodidad de nuestra zona de confort? Es precisamente en la incertidumbre del viaje donde se forja nuestro verdadero carácter.
La comodidad absoluta adormece el potencial humano, mientras que los obstáculos actúan como el cincel que moldea nuestra mejor versión. Son los momentos de crisis los que revelan de qué estamos hechos y nos enseñan a valorar la calma después de la tormenta… No habría en nosotros una gratitud genuina por una vida plena y abundante si esta no nos desafiara a través de la lucha.
Hoy elijamos agradecer por esta existencia dinámica y retadora. Agradecer por los días difíciles, por las encrucijadas complejas y a los problemas que a primera vista parecen insuperables, porque son ellos los que rompen la monotonía. Ningún desafío es un callejón sin salida. Míralo como un campo de batalla personal: la oportunidad perfecta para forjar el carácter, transformarte y conquistar el triunfo.
¿Cómo celebrar con euforia el haber superado un mar de dificultades si nunca hubiésemos tenido la necesidad de salir de nuestra zona de confort? ¿Cómo podríamos valorar el éxito de alcanzar la cima si no existieran grandes desafíos que escalar? ¿Cómo sentir la verdadera satisfacción de una vida plena, si esta no nos pusiera a prueba en ningún momento?… ¡Qué gran fortuna es tener un camino que recorrer y motivos para dar las gracias!
Agradezcamos profundamente vivir una vida que, aunque nos presenta obstáculos, problemas y batallas, también nos regala la valiosa oportunidad de conseguir grandes victorias personales.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe Un abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga y prospere en todo; y que derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.
Claudio Valerio- © Valerius




