
En el tiempo de vida que tenemos, vivimos en un lugar de pruebas; porque la tierra es un valle de lágrimas en el que somos duramente probados y nos hace derramar lágrimas copiosas.
Quien sabe lo que es sufrir, quien sabe lo que es llorar, también sabe compadecerse del dolor ajeno y se hace así misericordioso. Pero, quien no ha sufrido, es duro con los otros y no entiende el dolor ajeno. En cambio, a veces el dolor nos hace solidarios con las demás personas y es cuando se debe bendecir el dolor que sufrió en su vida porque lo ha hecho misericordioso… La infinita Misericordia es la característica principal de Dios.
Cuando lo padecemos, el dolor es un gran maestro de la vida espiritual, porque nos ayuda a desapegarnos de las cosas materiales de este mundo; ya que si vivimos felices y todo nos sonríe, podemos olvidarnos de Dios y del Cielo, que es nuestra verdadera Patria. Él, en una de sus bienaventuranzas, nos dice que serán consolados los que lloran en este mundo, en la tierra; y serán felices no solo aquí, sino para siempre en el Cielo, porque quien llora sobre el pecho de Jesús, ya encuentra el consuelo a su dolor. Dios se compadece y consuela a quien llora, porque es un Padre bueno que ama infinitamente a sus hijos
Cuando el dolor golpee nuestra puerta, entonces nos daremos cuenta de que en este mundo todo es pasajero, y lo único que permanece es Dios y su Paraíso. El llanto nos ayuda a mantener nuestro corazón de carne y hace que no se nos vuelva de piedra, porque no habría peor cosa para nosotros que volvernos duros de corazón para con nuestros hermanos que sufren… Pero no hay que desanimarse porque si Jesús lloró y si María lloró, que eran inocentes y buenos; ¿por qué no queremos llorar nosotros?
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe Un abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga y prospere en todo; y que derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.
Claudio Valerio
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