
Algunas vez he leído que cuando estamos frente a personas están cansadas, quizás demasiado preocupadas como para que nos den una sonrisa, lo mejor que podemos hacer es darle una de las nuestras; porque, al reír, lo que hacemos es exteriorizar lo que tenemos en el corazón y la pureza del alma… Tener buen humor no necesariamente representa que estamos felices todo el tiempo; lo que sí manifiesta es que se tiene la capacidad de hacer frente, con actitud positiva, a las dificultades que se presentan.
Más que la risa, es el humor lo que nos queda mejor… Pero, ¿alguna vez nos hemos preguntado si hacer reír a alguien nos hace sentir mejor que reír? Pues bien, nadie necesita una sonrisa tanto como aquel que está pasando por una tribulación.
“Mejor reír que llorar”; una frase popularmente usada y que más de una vez la hemos tenido que usar para decirle a alguien que “cambie esa cara”.
Reír genera un bienestar general; es una medicina que, naturalmente no solo mejora la salud mental, sin que también la física, puesto que reduce el estrés, promueve la vinculación social, y, nos ayuda a hacer frente a desafíos, mejorando además las relaciones.
Quiero compartirle este cuento/chiste que, sin ánimo de querer ejercer una violencia “machista”, contrariamente quiero reflejar aquella violencia que va dirigida a las mujeres como, por ejemplo, se la ve solo como un objeto sexual; para que dejen de ser tratadas como cosificación sexual…
Una mujer llega a casa después de un viaje y encuentra a su marido en la cama con una mujer joven y hermosa. Le grita: «¡Eres un cerdo. Un cerdo con ningún honor. Cómo te atreves a hacerme esto a mí, que soy una esposa fiel!» Estaba a punto de ponerse a llorar cuando su marido la detuvo con estas palabras: «Espera un minuto, déjame al menos explicar lo que pasó»
«¡Ok!» sollozó la esposa enojada «, ¡serán las últimas palabras que quiero escuchar de ti!» «Bueno, mientras conducía por la carretera, vi a esta joven con un aspecto cansado y ojeroso. Lo sentí mucho por ella, así que la traje a casa. Ella tenía hambre, así que le hice una comida con aquella carne asada que no querías comer porque decías que estabas muy gorda. Sus sandalias estaban rotas, así que le di un par de buenos zapatos, de esos que habías descartado porque ya no estaban de moda… Tenía frío, así que le di el jersey que te regalaron de cumpleaños y que nunca usaste porque no te gustaba el color. Sus jeans estaban rotos y muy gastados, así que le di esos que tú tenías pero que dejaste de usar cuando tu hermana compró el mismo par.
Entonces, cuando estaba a punto de salir de la casa, se volvió hacia mí y me dijo suplicante: »Por favor, por favor, ¿hay algo más que tu esposa no utilice?»
Dejemos de enfocar nuestra atención en la apariencia física, ignorando otras capacidades y personalidad. El sexismo y la violencia simbólica no sólo puede estar presente en las relaciones interpersonales; las redes sociales y otros medios alienten a esto, siendo una forma de afectar la autoestima.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un Abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.
Claudio Valerio
®. Valerius




