Cultura y espectáculos
Los sueños cumplidos del director de arte y dibujante Nelson Luty
Es uno de los directores de arte más importante de la animación Latinoamericana

En la industria de la animación latinoamericana se destaca su nombre. Y es nuestro vecino. Trabajó en largometrajes como Metegol, El ratón Pérez, The game maker, El arca, Parque Lezama, entre otros. A la espera del estreno de Mafalda, versión en serie que aparecerá en Netflix, seleccionó buena parte del material de Metegol y de otras películas para una muestra en el Honorable Concejo Deliberante de Escobar. Se titula “Procesos creativos. Del papel a la pantalla” y se inaugura este jueves 16 a las 19.30 h. El artista invita especialmente a concurrir con niños.
Nelson no solo trabajó en numerosos proyectos con Juan José Campanella, su trabajo fue nominado reiteradas veces, recibió el premio Cóndor de Plata a la trayectoria en animación y es un activo músico, sino que además, y principalmente, juega, sueña y trabaja cada día para realizarlo. Él mismo nos lo cuenta:
”En el 2001 enfermé gravemente y me quedé ciego dos años. Nunca más volví a tocar un lápiz en dos putos años, sí mi guitarra, en cambio me aferré más a ella. No se lo deseo a nadie estar ciego, todo se derrumbó. Dos años más tarde logro recuperarme gracias a un gran médico, el dr. Arturo Irarrázaval, y el apoyo de mis viejos, mis hijos, mi hermano Mario y amigos. A partir de ese momento me hice la promesa que si me recuperaba, iba a cumplir mi sueño. Y así fue”.
Dibujante desde siempre, nos relata su formación de esta manera:
”De chico, el dibujo no fue precisamente un pasatiempo. Siempre mi pasión fue dibujar. En la primaria la maestra decía: “saquen una hoja que hay Prueba” y a mí me decía: “Luty, haceme un dibujito”. Me negaba totalmente a estudiar, me alimentaba culturalmente a mi manera porque sabía lo que quería, estudiaba o paraba la oreja a lo que me interesaba. Yo fui autodidacta desde el primer momento. O sea, ¡me chupaba todo un huevo!
Siempre tuve la necesidad de hacer cine. Cuando era chico veía mucha televisión, los dibujos animados; había algo en esos dibujos que me gustaba, pero no sabía si quería hacer animación. Cuando fui a ver a Bambi , ahí me “estalló la cabeza” y me dije por primera vez “voy a trabajar en cine”.
Seguí dibujando miles de cosas pero esa obsesión nunca se me fue. Luego conocí el cine con películas como Star Wars y ahí reconocí que todo empezó a cambiar. Quería hacer escenarios para animación, pero también quería diseñar universos raros y naves espaciales. Era tal mi pasión por el cine, que recuerdo una anécdota con mi papá. Quería ver Tiburón de Steven Spielberg.

Recién se estrenaba y estaba prohibida para menores de 18 años, yo tenía 9. Era la época de la dictadura y papá me llevó a ver la película escondido en el baúl de un Falcón. Jodido, ¿no? Recuerdo que fue en un autocine en el barrio de la Paternal en un primer piso. Ahí fue la primera película que me llenó de emoción violenta, y me hice fanático de Spielberg. En esa época, no había acceso a comprar juguetes de películas, entonces me generaba en mi casa mis propias maquetas con inmensa imaginación de todas las películas que veía. Tiburón, King Kong, etc. A las maquetas les ponía muchos detalles. Iba a las casas de electrónica y compraba lamparitas led, que recién salían al mercado de la electrónica por el 77. Las maquetas las iluminaba y les ponía clima.
En Bellas Artes, no me fue muy bien… Mi vieja se sentía muy frustrada ya que yo no quería estudiar, y en el primario y secundario… ni hablemos. En ese momento estaba muy inmaduro para aprender, ya que estudiar en Bellas Artes me hubiera servido mucho para hacer lo que quería hacer más adelante.
Finalmente me rajaron de la escuela porque discutí con un profesor de pintura. Él decía que lo que yo hacía era arte comercial. Yo daba mis primeros pasos con las historietas. Un día me calenté y le dije: “¿Vos qué hacés con tus cuadros , boludo? También los vendes, ¿no? Entonces no me vengas a mí con que lo que yo hago es o no comercial…. Me rajaron.
De ahí me fui a la escuela de Garaicoechea a estudiar historietas con Alberto Salinas. A los dos meses, alguien contó lo que yo hacía en dibujo y me vinieron a buscar. Tenía 17 años. Comencé trabajando en el Estudio de Chiche Medrano haciendo fondos. A partir de ahí, no paré de trabajar nunca más. Luego conocí al gran maestro en la historietas Alberto Saichann, trabajé para él un par de años y me abrió la cabeza. En el 87 conocí a Carlos Meglia, un gran amigo que recuerdo con mucho cariño y nostalgia. Él me abrió las puertas al mercado europeo junto a Carlos Trillo”.
Hoy en día tiene su propio estudio, Luty Art, tras haber trabajado en Patagonik, Fox TV Chanel, Caloi en su tinta, 100 Bares y Disney, entre otros. Es extensísima la lista de películas en las que hizo diseños de escenarios, animaciones, dirección de arte y participaciones. Un recorrido de pasión, voluntad y trabajo que proviene de sus sueños desde niño. Desde esa trayectoria Nelson nos dice: “Realmente vale la pena soñar. Hoy tengo esto que me pasa, y no fue casualidad. Fue porque realmente soñé con esto. Chicos, sueñen con lo que ustedes crean… Y sueñen en que ustedes pueden. Eso los va a llevar al éxito”.




