COLUMNA DE OPINION

Fortín Malvinas

Por VGM Enrique Oscar AGUILAR

 

 

𝐒𝐎𝐑𝐏𝐑𝐄𝐍𝐃𝐈𝐄𝐍𝐃𝐎 𝐀𝐋 𝐉𝐄𝐅𝐄𝐀𝐍𝐄𝐂𝐃𝐎𝐓𝐀 𝐃𝐄𝐋 𝐁𝐈𝐌 𝟓 𝐄𝐍 𝐒𝐔𝐒 𝐏𝐑𝐈𝐌𝐄𝐑𝐎𝐒 𝐃𝐈𝐀𝐒 𝐄𝐍 𝐌𝐀𝐋𝐕𝐈𝐍𝐀𝐒

 

𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢í𝘥𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰- 𝘉𝘈𝘑𝘖 𝘗𝘈𝘓𝘈𝘉𝘙𝘈-

 

El BIM 5, Había llegado a las Islas Malvinas. El aeropuerto era un caos de gente que se trataba de agrupar, Bultos de material que estaban siendo estivados. El capitán Robacio había sido llamado a presentarse ante el gobernador. El Batallón quedo momentáneamente a cargo del Segundo comandante el capitán de corbeta Ponce. Como corresponde por Doctrina, el Comando Militar de Puerto Argentino no había previsto la asignación de Áreas de Reunión para las Unidades a medida que iban llegando. Superados por los acontecimientos, existía una enorme ansiedad por recibir, descargar, y volver a recibir con la máxima premura. Por lo tanto, cada Unidad se las arreglaba como podía. De este modo llegó el BIM 5 a Malvinas con su equipo individual y abastecimientos, que por sus especiales características resulta interesante describir. Estaba integrado por:

– Un overol enterizo impermeable forrado en matelassé, que ayudaba a mantener el calor corporal. (Después de la guerra el Capitán Robacio propuso su eliminación, porque dificultaba la rutina de las necesidades fisiológicas).

– Camisetas de abrigo.

– Calzoncillos de abrigo largo y corto.

– Un sweater de lana.

– Una parka impermeable, con forro de lana.

– Un pasamontaña.

– Una bufanda.

– Varias medias de abrigo y botas de cuero con suela de goma.

– Un birrete de abrigo, guantes y antiparras.

– Mochila conteniendo una muda de ropa completa.

– Zapatillas y elementos de higiene personal.

– Ración de combate para un día o más, de acuerdo con las necesidades operativas.

– Una bolsa cama térmica.

Cuando Ponce pudo salir marchando con su gente del aeropuerto, llevaban el armamento y el equipo individual. Caminaron varios kilómetros hasta llegar a un gran galpón de esquila, donde se había alojado el resto del Batallón. El edificio se hallaba en inmediaciones de un lugar que más tarde llamarían “Casa Amarilla”, ubicada a unos 150 metros al Este de lo que sería semanas después la primera línea de combate. Al día siguiente por la mañana, el Capitán Robacio se presentó al Comando Militar de las Islas ubicado en Moody Brook, antiguo Cuartel de los Royal Marines, para recibir órdenes. Cuando los Comandos argentinos ocuparon ese lugar el 2 de abril, encontraron abundante armamento liviano, lanzacohetes, vino francés, y las paredes cubiertas de imágenes de mujeres desnudas, que fueron reemplazadas por mapas de las Islas Malvinas, para organizar una Sala de Situación. Robacio estuvo en ese lugar todo el día reunido con el Estado Mayor, hasta que las primeras sombras invadieron el pueblo. Fue una agotadora jornada de trabajo, prolongada aún más por su obsesión por los detalles. Cuando regresó al alojamiento comprobó con disgusto que no veía centinelas por ninguna parte, y que nadie le había dado el alto al acercarse al lugar. Visiblemente fastidiado, buscó al Capitán Ponce para pedirle explicaciones, que recordaría años más tarde: “vino a tirarme la bronca, El capitan Robacio estaba hecho una furia”.

La realidad era muy distinta, la seguridad estaba instalada, no se veían luces por ninguna parte, y reinaba el más absoluto silencio. Los centinelas habían sido apostados, pero permanecieron en silencio y ocultos cuando vieron aproximarse al Comandante y sus acompañantes. Un centinela había ido corriendo a avisarle al Capitán Ponce que el comandante se aproximaba y le pidió que le diga al Comandante, que cuando hable lo haga en voz baja, “porque delataba la posición” era notable la disciplina que tenían estos conscriptos de tan solo 18 años, esta disciplina era producto del arduo entrenamiento que les habían impartido los cabos y suboficiales del batallón. Después de la explicación que le dio su Segundo, Robacio insistió en recorrer el dispositivo de seguridad establecido, y comprobó que lo dicho era exacto. Los centinelas estaban apostados, pero no se dejaban ver, y permanecían ocultos en las sombras del lugar, Robacio pensó para sí mismo a estos centinelas será difícil sorprenderlos, hicimos bien nuestro trabajo.

¿Pero que había sucedido que nadie le dio la voz de alto? lo que paso fue que el primer centinela lo reconoció por su forma de caminar, y luego reconoció su voz, por lo que no quiso delatar su posición por las dudas que hubiese alguien mirando- pero informo a los demás puestos que el comandante se aproximaba y uno de los que estaban de guardia corrió a informar al Capitan Ponce.

Finalmente, Robacio descargó su tensión riéndose de buena gana y se dio por satisfecho. Era indudable que el personal del Batallón estaba muy bien adiestrado, y sabían muy bien lo que hacía.

𝘕𝘰𝘵𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳: 𝘗𝘰𝘳 𝘴𝘦𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘮𝘱𝘰𝘳á𝘯𝘦𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘚𝘦ñ𝘰𝘳 𝘊𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘭𝘮𝘪𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰𝘴 𝘏𝘶𝘨𝘰 𝘙𝘰𝘣𝘢𝘤𝘪𝘰, 𝘭𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤í𝘰 𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘤𝘶𝘳𝘴á𝘣𝘢 𝘭𝘢 𝘌𝘴𝘤𝘶𝘦𝘭𝘢 𝘕𝘢𝘷𝘢𝘭 𝘔𝘪𝘭𝘪𝘵𝘢𝘳. 𝘗𝘦𝘳𝘵𝘦𝘯𝘦𝘤í𝘢 𝘢 𝘭𝘢 𝘱𝘳𝘰𝘮𝘰𝘤𝘪o𝘯 85, 𝘥𝘰𝘴 𝘢ñ𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘳𝘪𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘢 𝘭𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳. 𝘙𝘰𝘣𝘢𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘳𝘢 𝘶𝘯 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘹𝘵𝘶𝘳𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘶𝘥𝘢, 𝘥𝘦𝘭𝘨𝘢𝘥𝘰, 𝘮𝘶𝘺 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘭𝘪𝘨𝘦𝘯𝘵𝘦, 𝘥𝘦 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦 𝘤𝘢𝘳á𝘤𝘵𝘦𝘳 𝘺 𝘵𝘦𝘮𝘱𝘦𝘳𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰. 𝘚𝘶 𝘷𝘰𝘻 𝘦𝘳𝘢 𝘪𝘯𝘤𝘰𝘯𝘧𝘶𝘯𝘥𝘪𝘣𝘭𝘦, 𝘥𝘢𝘣𝘢 𝘱𝘢𝘴𝘪𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘵𝘰𝘴 𝘺 𝘷𝘦𝘭𝘰𝘤𝘦𝘴, 𝘥𝘦 𝘮𝘢𝘯𝘦𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘳𝘢 𝘧á𝘤𝘪𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘪𝘥𝘦𝘯𝘵𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘣𝘭𝘦 (𝘴𝘶𝘴 𝘴𝘰𝘭𝘥𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤í𝘢𝘯 𝘮𝘶𝘺 𝘣𝘪𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘢𝘳) 𝘙𝘰𝘣𝘢𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘊𝘰𝘮𝘢𝘯𝘥𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘪𝘥𝘦𝘢𝘭 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘉𝘢𝘵𝘢𝘭𝘭ó𝘯 5 𝘱𝘰𝘳 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘱𝘢𝘤𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘱𝘳𝘰𝘧𝘦𝘴𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘏𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘤𝘳𝘦𝘺𝘦𝘯𝘵𝘦, 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘱𝘳𝘰𝘧𝘶𝘯𝘥𝘰 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘪𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰, 𝘶𝘴𝘢𝘣𝘢 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘤á𝘭𝘪𝘥𝘢𝘴 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘰. 𝘛𝘰𝘭𝘦𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘯 𝘴𝘶𝘴 𝘴𝘶𝘣𝘰𝘳𝘥𝘪𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴, 𝘷𝘢𝘳𝘪𝘢𝘴 𝘭𝘰 𝘰𝘺𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘢𝘳 ―𝘩𝘪𝘫𝘰 𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘢𝘣𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘊𝘢𝘣𝘰 𝘰 𝘶𝘯 𝘊𝘰𝘯𝘴𝘤𝘳𝘪𝘱𝘵𝘰.

 

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