COLUMNA DE OPINION

¿Porque buscas enaltecer tú figura?

Por Claudio Valerio.

 

Es mucho mejor ser pequeño y estar en el corazón de las personas,  que estar en el tope, pero lejos, perdido e ignorado.

¡Cómo nos hace mal la soberbia! Siempre ocupar lugares destacados para que otros nos admiren y aplaudan, queremos ser mayores. Queremos estar en los lugares más elevados, queremos ser distinguidos entre todos los demás, queremos ser los mejores.

Nos creemos superiores y, muchas veces, no aceptamos el hecho de que estemos en un lugar, desde nuestro punto de vista,  menos honroso;  aun cuando seamos felices allí. Nuestra altanería nos conduce por el camino del inconformismo, dando lugar a lamentaciones y murmuraciones y, resultado de esto, la alegría desaparece.

Hay un dicho popular muy verdadero: «Era feliz y no lo sabía»…  ¿Cuántas veces hemos repetimos eso en nuestro íntimo? ¿Cuántas veces ya reconocemos que todo nuestro empeño y ansiedad fueron inútiles? ¿Cuántas veces dejamos el refrigerio de lo poco para experimentar la inquietud de lo mucho?… No está mal anhelar un lugar mejor, un cargo superior, un sueño más osado para nosotros; es claro que sí. Pero que todo acontezca por una humilde determinación, en la hora cierta y por la maravillosa circunstancia u oportunidad que se nos presenta en nuestra vida.

Es mejor ser destacado por una actitud humilde, de lo que representa ser humillado por una actitud arrogante y prepotente; “es mejor sentarse en la última silla y ser invitado a venir en el primer llamado, que sentarse en la primera silla y ser invitado a ir para asistir de últimas”. Entiéndase; es mejor ser invitado a subir para ser valorado y reconocido por adoptar una postura modesta, que presumir una alta posición y ser humillado, a ocupar un lugar inferior, y ser desplazado por falta de reconocimiento o mérito… Prudencia, humildad, el respeto propio frente a la arrogancia, se subraya en esta importante expresión.

 

Se cuenta la historia de un reloj que se sentía insatisfecho por vivir escondido en la cartera de su dueña. Envidiaba el Big Ben, ese gran reloj en la torre de Londres. Un día, mientras pasaba sobre el Puente de Westminster con su dueña, se oyó al pequeño reloj decir: «me gustaría estar allá arriba, así podría yo servir a una multitud». «Tendrás tu oportunidad, pequeño reloj», dijo una voz… Seguidamente, y como en un pase de magia, el reloj fue parar, cuidadosamente, en lo alto  de la torre. Cuando alcanzó el tope máximo, su dueña le habló: «¿Dónde está usted, pequeño reloj? ¡Yo no puedo verlo!»… Y ninguna otra persona podría llegar a ver otra vez al pequeño reloj… Su elevación, causó su destrucción.

 

 Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires, Argentina), envío un Abrazo,  y mi deseo que Dios te sonría y permita que prosperes en todo,  derramando sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.

Claudio Valerio

© Valerius

 

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