Sammy Morris, un ciudadano africano que fue estudiar en Estados Unidos, para todos dejó lecciones de humildad. Una de ellas ocurrió exactamente cuando llegó a la universidad en Indiana. Al ser preguntado por el Director, cual habitación deseaba, él dijo: «Si hay alguna habitación que nadie desea, lo deja para mí.»
¿Hemos estado satisfechos con qué Dios nos da? ¿Nos hemos alegrado con Él, aun cuando lo que nos da sea poco, entendiendo que es fruto de su amor? ¿Hemos estado confiados que, para ganar lo mucho es necesario que nos pongamos felices también con el poco?
Dios prometió suplir todas nuestras necesidades. ¿Y cuáles son nuestras necesidades? ¿Lo mucho o apenas un poco? Y si no mostramos gratitud por el poco, ¿cómo podremos pedir lo mucho?
El joven africano confió que Dios le daría lo mejor en aquel lugar, lejos de su hogar. No hizo elecciones… dejó que el Señor escogiese por él. Creyó y fue feliz. No necesitó luchar para ser victorioso. Su vida dejó marcas que hasta hoy son recordadas. Más que ser un joven bendecido, fue una bendición para el pueblo americano.
¿Y nosotros, de qué nos lamentamos? ¿De qué somos agradecidos? ¿Hemos sido felices con Dios o perdemos esa oportunidad por no confiar plenamente en Él?
¿Queremos ser colocados sobre lo mucho? Entonces ¡seamos fieles en lo que nos parece poco!
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un saludo, y mi deseo de que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha prosperidad.
Columnista, escritor, historiador e investigador.