
¿Reconoces tu dignidad? Nuestra vida ha de ser un ejemplo frente a otros; ha de ser una imitación de la vida de los santos, esas personas que; iluminados por el Espíritu Santo, buscaban asemejarse a la vida de Cristo. Porque en estos últimos, el Espíritu que moraba en ellos y le guiaba.
Si nosotros queremos vivir según el Espíritu, que es en Jesús, a nosotros también nos conducirá; nos alejará de toda tentación, nos alejará del pecado y todo lo que va en contra de nuestra nueva condición.
Ahora, que participamos de la naturaleza divina, que en nuestra vida está Cristo, Nuestro Señor, no nos degeneremos retrocediendo para volver a la bajeza de nuestra vida del pasado. Recordemos que hemos sido arrancados de las tinieblas y de su poder ejercido en nosotros, para ser trasladado a la luz de la paz y la Verdad; para estar con Dios.
Con estas palabras comenzamos una nueva etapa y que es la de que formamos parte del cuerpo del cristianismo, en donde Jesús Cristo es su Cabeza.
Con fe, pidamos al Espíritu Santo que sea un dulce Huésped de nuestra alma y que sea nuestro propósito que viva a gusto en nosotros. Que limpie nuestros ojos y purifique al corazón para que, con fe, veamos a las personas con caridad y las amemos en Cristo en el corazón. Aborrezcamos todo lo que oscurece y valoremos todo lo que Él valora, sin oponernos para que se haga su voluntad, ya sea aquí en la tierra, y también en el cielo.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un saludo, y mi deseo de que la vida te sonría y permita que prosperes en todo, derramando sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha prosperidad.
Claudio Valerio
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