COLUMNA DE OPINION

Fortín Malvinas

Por VGM Enrique Oscar AGUILAR

 

Relatos de la Guerra

Ultima Parte

Teníamos algo en común, que sólo los veteranos entienden. Hablamos con sinceridad de todo lo que había pasado en esa horrible noche del 11 de junio de 1982.
La historia se completó, intercambiándonos hechos y relatos que uno no sabía del otro.
Terry me contó que tres días antes del combate de Longdon, los ingleses ya se encontraban muy cerca y vieron cuando un grupo de 6 hombres se dirigía a una estancia pasando el río Murrell. Un oficial sugirió matarlos, pero el jefe del Regimiento los detuvo, pues esto alertaría a los argentinos, y le restaría sorpresa al ataque del día siguiente. Entre esos 6 hombres estaba yo, que iba como intérprete.

En la noche del 11 de junio, la compañía B del Regimiento 7 de La Plata fue la que despertó cuando un inglés pisó una mina, dándoles algo de tiempo para prepararse. Ellos se encontraban en la cima del Monte Longdon. Ese combate fue el más duro y sangriento, pues se desató una lucha campal de 150 contra 150 hombres. Imaginarse esta batalla hiela la sangre. Los ingleses subieron por una cuesta muy empinada hacia las posiciones argentinas. El error inglés hizo que sufrieran muchas bajas, y todavía hoy se enseñan tácticas analizando este caso. Desde mi posición podían escucharse los gritos en castellano e inglés, las balas trazantes, todo. En medio de la confusión, la compañía C del Reg. 7 de La Plata donde yo estaba, lanzan dos bengalas iluminando las montañas. El subteniente Castañeda organiza un apoyo para la compañía» B» que estaba siendo atacada

Este apoyo de Castañeda es considerado por los ingleses una de las acciones más heroicas de todos los combates terrestres en Malvinas, es más, dijo el brigadier Julián Thompson: » – Estuve a punto de retirar a mis paracaidistas de Longdon , no podíamos creer que estos adolescentes, disfrazados de soldados nos estaban causando tantas bajas».
Esa noche la compañía “B” no estaba usando los radares porque el generador provocaba el inmediato bombardeo británico.
Yo estaba ahí al lado cuando organizan el grupo, pero como pertenecía a la sección apoyo del mortero no me eligieron. Vi partir a 46 hombres, directo a Longdon de los cuales sólo regresaron 25. Iban a meterse en medio de la noche, rumbo a una batalla campal. El heroísmo de estos chicos fue increíble. Nosotros rezábamos el Padrenuestro y no me paraba de temblar el cuerpo. A la mañana siguiente, dos de esos 25 sobrevivientes estaban contándonos detalles de lo que había pasado, cuando nos cayó un mortero a dos metros de nuestra trinchera, matando en el acto a uno de ellos, hiriéndolo a otro e incrustándosele varias esquirlas en intestino y cadera a Roberto, mi compañero»

«Al comenzar la artillería contra nuestra posición, nos refugiamos en un pozo construido por un conscripto que era estudiante de ingeniería. Eran 2 metros para abajo y dos metros para atrás. Durante el tiempo que duró la tensa espera hubo que mantenerlo sacando el agua cuando se inundaba. Pero la recompensa fue grande. Este pozo me salvó la vida»

En medio de la noche, los colimbas venían a preguntarme como se decía «me rindo» y partían a sus pozos repitiendo «I surrendo, I surrendo «.
«Algunos intentaban confeccionar banderas blancas, pero a esa altura no nos quedaba nada de ese color, pues toda la ropa estaba mugrienta, negra del hollín de cocinar con combustible para helicópteros»

Conociendo a otro veterano, Terry Peck

Conocer a otro veterano de guerra, y en especial a Terry que había estado del otro bando fue muy especial. Los dos habíamos pasado por la misma experiencia de esta guerra. Subimos a Longdon en dos camionetas 4×4. Terry escuchó casi sin decir palabras mis relatos de como habíamos vivido los 60 días en los pozos.
A Terry al principio lo designan para guiar al regimiento a Stanley, pero como es muy hábil con las armas, al final le dan armamento y es uno de los que combate en Longdon esa noche del 11 de junio. Saber cómo fueron las cosas del lado inglés fue interesantísimo. Ellos tienen a la batalla de Longdon muy presente pues en ella han muerto 29 británicos. En la cima del monte hay una cruz, y una placa con los nombres. No sé cuántos argentinos exactamente murieron, pero sabemos que fue una de las más sangrientas batallas.
Es tal el viento en la cima que uno no puede estar mucho tiempo allí parado. Hay coronas de poppies dejadas en honor a estos muertos, una de ellas del Príncipe Carlos el cual fue guiado por Terry.

Después bajamos un poco hasta un lugar un poco más reparado. Allí comimos y tomamos brandy de la petaca de Terry, con la insignia del 3 Para. Y fueron develándose las incógnitas que cada uno tenía del otro. Se corría el rumor que en esta batalla había «gurkas» y que degollaban para causar el factor «terror». Según Terry en el 3 Para no hubo gurkas, pero es muy posible que haya habido mutilamientos por la artillería, que quizás se han confundido con esto.

 

Aunque se deslizaban algunas bromas, se podía sentir el clima de muerte en el lugar. Terry sube todos los 11 de junio, pues ha hecho la promesa y el cumple no importa el clima que haga.
La vida nos dio la posibilidad ahora de encontrarnos y ser amigos y no la desperdiciamos. Cuando al cabo de dos semanas, Terry vino a saludarnos nos estrechamos en un abrazo.
Uno piensa en lo absurdo de toda guerra. Parece mentira en los tiempos que vivimos que a alguien se le ocurra usar la fuerza para cambiar la forma de vida de otras personas. Es increíble que los sentimientos nacionalistas que motivaron esta gesta hayan recaído con todas sus fuerzas sobre las espaldas de jóvenes conscriptos. Fue prácticamente como sacar a gente de la calle a pelear contra un ejército profesional.
Dimos gracias a Dios porque no había sido la hora de ninguno de nosotros.
Este viaje ha sido como una caricia para el alma. Permanecer 15 días en la casa de los Peck, integrarnos a su forma de vida, ha sido fundamental. Los fantasmas de la guerra han desaparecido para siempre. Han sido reemplazados por una excelente amistad. No encuentro palabras de agradecimiento para James Peck y toda su familia y amigos que nos abrieron sus casas y sus corazones.

Relato del VGM Miguel Savage

 

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