COLUMNA DE OPINION

Fortín Malvinas

Por VGM Enrique Oscar Aguilar

 

Reflexiones sobre la Guerra de Malvinas

Por Juan Carlos Neves. ( Contralmirante Retirado, Veterano de Guerra de Malvinas y Master en Relaciones Internacionales)

Primera Parte

El conflicto por la recuperación de Malvinas se inició en 1833 cuando Gran Bretaña invadió las islas y las ocupó por la fuerza o sea que tiene una antigüedad de 180 años. En el año 1982 Argentina recuperó el archipiélago por medio de una operación militar, ante el evidente fracaso de la acción diplomática por falta de interés británico en dar solución al conflicto por esa vía. Cabe mencionar que desde 1965 las Naciones Unidas por intermedio de la resolución 2065 había dispuesto que Argentina y Gran Bretaña debían discutir sin demoras el tema de la soberanía.
Resulta de interés considerar no solo los aspectos militares de la cuestión sino también la importancia geopolítica y estratégica del conflicto como así también esbozar cuales serían las acciones presentes que podrían contribuir a la recuperación final de las islas.
Acciones militares.
La recuperación de las Malvinas fue lograda mediante una operación anfibia clásica efectuada desde un Buque de Desembarco apoyado por un portaviones y buques de escolta. Quiero destacar que el buque de desembarco era una unidad de construcción nacional botada en el Astillero de Río Santiago. Esto no es un dato menor ya que desde que ese buque fue retirado del servicio activo, la Argentina no consiguió reemplazarlo. Me consta que en diversas oportunidades se intentó obtener una unidad de desembarco a través de un leasing u operación similar de la Armada de los Estados Unidos infructuosamente, lo cual, en mi opinión, con fundadas evidencias, fue consecuencia de la influencia británica. Esta circunstancia, más el hecho que los buques de la Armada de origen estadounidense fueron a la guerra luego de seis años de sufrir el bloqueo de repuestos por aplicación de la enmienda Humphrey-Kennedy al gobierno militar y que los países europeos nos negaron el aprovisionamiento por decisión adoptada en la NATO, evidencia la importancia estratégica de disponer de una industria nacional de producción para la defensa.
En la etapa previa al desembarco británico se desarrollaron acciones aéreas y navales que resultaron motivo de estudio en todas las escuelas y foros especializados. Siguiendo la doctrina del Almirante Alfred Mahan la flotas argentina y británica buscaron el combate decisivo para obtener lo que el teórico norteamericano llamaba el “control del mar” mediante la destrucción de los buques enemigos. El primero de mayo y por única vez, la flota británica se puso al alcance de los aviones de despegue convencional argentinos embarcados en el Portaaviones ARA 25 de Mayo que no pudieron ser lanzados por problemas meteorológicos y técnicos (falta de viento y de velocidad del portaaviones para que las aeronaves pudieran decolar con su armamento completo).
Luego de ese día sucedieron dos eventos tácticos que tuvieron influencia estratégica. Uno fue el hundimiento del Crucero Belgrano por acción de torpedos lanzados por un submarino nuclear británico desde distancias superiores al alcance de detección de los sonares de los buques de escolta que protegían al crucero. Este hecho se sumó a la convicción de que Estados Unidos había comenzado a brindar información satelital que permitía a los británicos detectar las posiciones de las unidades argentinas y a la amenaza de un segundo frente materializado por Chile. Esto influyó para que la flota argentina adoptara la estrategia de “flota en potencia” (fleet in being), que recomendaba el estratega francés Julian Corbett, para que una flota más débil mantuviera su amenaza durante todo un conflicto, evitando que su temprana destrucción dejara al enemigo el control sin oposición de las líneas de comunicaciones marítimas.
El otro hecho significativo fue el hundimiento del destructor británico Sheffield por medio de un misil aire mar Exocet lanzado desde un avión Súper Etendart de la Armada Argentina. Este hecho mostró a la flota británica que podía ser alcanzada y dañada, lo que ponía en riesgo toda la operación si el buque averiado o hundido fuera uno de sus portaaviones. Debido a ello, la flota británica se retiró a una posición al Este de las islas fuera del alcance de las aeronaves basadas en tierra argentina y a partir del allí el control de las líneas de comunicaciones marítimas fue disputado. Una de las flotas permanecía desplegada en el litoral bloqueada por submarinos nucleares y la otra se mantenía alejada amenazada por las incursiones aéreas. Fue la primera vez en la historia naval que la tecnología nuclear y misilística entraron en batalla y marcaron las pautas del enfrentamiento.
La última fase del conflicto se desarrolló en las islas a partir del desembarco británico. En esa etapa fue decisiva la movilidad de las fuerzas terrestres británicas (consideradas en el primer nivel de los países europeos de la NATO) y el decidido apoyo logístico brindado por los Estados Unidos, capacidades que permitieron lograr la rendición de Puerto Argentino luego de más de setenta días de conflicto.
Hubo un hecho significativo y poco comentado que merece una especial consideración en esta fase. El 4 de junio de 1982 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó un cese de fuego para el conflicto de Malvinas que fue objeto del veto británico haciendo uso de la potestad de Gran Bretaña para ejercer el derecho de veto en dicho Consejo. Si dicho cese de fuego se hubiera hecho efectivo, Argentina hubiera contraído obligaciones que le dificultarían a futuro mantener abierto el conflicto Malvinas, pero Gran Bretaña, que se hubiera beneficiado grandemente, se hubiera visto privada de la victoria militar que alcanzó diez días después. Sin embargo, según el derecho internacional, una rendición acordada entre autoridades militares no representa un compromiso para sus gobiernos.
Por ello, la derrota militar en las islas sólo retrotrajo el conflicto a la situación previa a la recuperación argentina pero no modificó los objetivos políticos de las partes de un modo que pudiera asegurar que no habrá una futura reanudación del conflicto. La fase posterior a las acciones bélicas que los teóricos denominan “war termination”, en que el conflicto se resuelve definitivamente a partir de la decisión formal y documentada de los Estados, nunca tuvo lugar y hubiera sido esencial para evitar el desgaste de una situación de fricción permanente. Continúa…



 

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