
OWEN CRIPPA ATACA A LA FLOTA INGLESA EN SAN CARLOS
Primera Parte
Quienes entienden de táctica militar no dudan en señalar a quienes vivimos en Sunchales, provincia de Santa Fe, que estamos “con un héroe entre nosotros” al referirse a la proeza militar efectuada un día como hoy, hace más de dos décadas y media por Owen Crippa en San Carlos. Sin tratar de hacer una justicia que no nos corresponde, pero sí haciendo notar que dicho aniversario lamentablemente pasó, para la ciudad, desapercibido.
Esta incursión, bautismo de fuego para la Fuerza Aérea nacional, es reconocida por el mundo entero como una verdadera hazaña por la implicancia que tuvo dicha acción, ya que permitió contar con detalles hasta el momento desconocidos de la flota inglesa. Destacada además por tratarse de un Macchi MB339A enfrentándose a una fragata: la “Argonaut”.
Desde Sunchales hoy nos enorgullecemos de tener a Owen, así como también a los otros conciudadanos que por nacimiento o adopción, están entre nosotros o partieron y que nos representaron en aquella época aciaga. Ojalá no pase mucho tiempo para que, así como recordamos fechas de eventos deportivos o sociales, le demos la importancia que tienen este tipo de homenajes (como el recuerdo del hundimiento del crucero Belgrano, el cual también pasó sin ser recordado).
Mientras, se siguen con atención las acciones que se están llevando a cabo desde el Museo Nacional de Malvinas de Oliva, Córdoba, tendientes a recuperar aquel emblemático avión, hoy día en territorio estadounidense.
(Fuerza Aérea Argentina) – Con las primeras luces del 21 de mayo, el comando del Componente Naval de Malvinas ordenó despegar, en misión de reconocimiento, a un Macchi 326 piloteado por el Teniente de Navío Owen G. Crippa.
El aviador naval se aproximó rasante desde el interior de la isla y, al desembocar sobre la bahía, se halló en medio de la flota, alcanzando a disparar sus coheteras Zunni. Al aterrizar, confirmó la magnitud del desembarco.
(La perla austral) – Al caer la tarde del 20 de mayo de 1982 los Tenientes de Navío Guillermo Owen Crippa y Horacio Talarico se reúnen con el Capitán de Fragata Oscar Manuel Arce, quien les comunicó que el día siguiente deberían cumplir una misión sobre San Carlos.
La orden consistía en realizar una navegación rasante a través del valle existente entre Puerto Argentino y San Carlos, bordeando para ello las denominadas alturas Rivadavia, una secuencia del cerro que cruza la Isla Soledad en todo su ancho. Utilizaría como referencia, un pequeño valle ubicado en medio de una cadena montañosa previa al brazo del Río San Carlos.
Era presumible, por cierta información existente, la intención de los británicos de efectuar un desembarco en esa zona, aunque se ignoraba completamente la magnitud que el mismo podría tener.
El 21 desde muy temprano, los mecánicos estuvieron trabajando en los dos Aeromacchi, pero surgieron inconvenientes en el aparato de Talarico. Como era necesario que la misión se llevara a cabo, aún con un sólo avión, se decidió que saliera Crippa.
El personal de apoyo centro entonces sus esfuerzos en una máquina, hasta que todo estuvo listo para la partida.
A las 10:04, Crippa recibió la autorización de la torre de control e inició la corrida de despegue. En pocos segundos estuvo en el aire; con un giro suave puso proa al oeste y paulatinamente comenzó a volar bien rasante. Una capa de nubes bajas y algunos bancos de niebla fueron las características meteorológicas que encontró ni bien recorrió las primeras millas.
Superadas las líneas de defensa, el Comando le informó que a partir de Monte Kent tenía libertad de maniobra para atacar cualquier helicóptero que encontrara por la zona. Poco antes de la llegada a la planicie ubicada entre Monte Kent y Cerro Rivadavia, observó cierta actividad de combate; dos columnas de humo gris oscuro que se elevaban de sendos helicópteros, posiblemente derribados por aviones Harrier mientras transportaban personal del Ejército para reforzar posiciones.
Cuando planificó la misión Crippa había tomado como punto de referencia el valle del río San Carlos, pero al acercarse allí se encontró con una espesa capa de niebla que con el efecto de los rayos del sol, provocaba una serie de reflejos que no le permitían una buena visión, por lo que decidió cambiar la dirección de ataque: en vez de entrar al puerto San Carlos por el sur, lo haría por el norte, con el sol lo más atrás posible. “De todos modos la flota británica estará en mar abierto, o en el peor de los casos en la boca del estrecho”, pensó mientras giraba a la derecha y enfilaba directamente hacia el Cerro Bombilla.
Unas millas antes de pasar por el espacio que queda entre el Río San Carlos y el Cerro Bombilla, divisó una de las referencias más notables para todo navegante: la Roca Remolinos, un enorme montículo rocoso ubicado al norte del estrecho San Carlos, frente al Cabo Leal, roca que vista desde el mar se asemeja a un buque de considerable tamaño. Continúa…



