
Durante la celebración de una boda, le preguntaron a un niño de unos ocho años cómo se imaginaba su propio matrimonio. Con total solemnidad, el pequeño respondió: « ¡Yo no me voy a casar! Ya he vivido con gente casada durante mucho tiempo».
Reflexionemos un momento: ¿qué huella estamos dejando en nuestros hijos? ¿Qué motivación encuentran en nuestra forma de vivir para sus vidas futuras? ¿Qué enseñanzas han tomado de nosotros que, más adelante, compartirán con sus propias familias?… ¿Qué es lo que ellos han aprendido de nosotros y que, a futuro, puedan transmitirles y enseñar a sus hijos cuando ellos también estén casados?
A menudo lamentamos las decisiones que toman nuestros hijos sin reconocer que, en gran medida, somos el reflejo de sus acciones. Cuando eran niños, les mostramos cómo pasar los días discutiendo y les enseñamos a mentir o a fingir una integridad que nosotros mismos no poseíamos. Los educamos bajo la idea de que los obstáculos se superan con la mentalidad de que «lo importante es ganar» a cualquier costo, y los acostumbramos a resolver los problemas por sí mismos sin enseñarles el valor de la resiliencia y el esfuerzo constante.
Cada día, nuestros hijos observan nuestro mal humor, registran nuestros gritos y notan nuestras fallas en el hogar; ¿cómo serán sus vidas cuando sean adultos? Si ellos nos admiran, debemos darles un ejemplo de inteligencia emocional, comprensión, amor y paciencia; además de mostrarles una vida guiada por la integridad, el respeto y la autodisciplina. Si actuamos así, nuestra descendencia estará verdaderamente preparada para construir, con gran plenitud y felicidad, un futuro próspero y saludable
«En conclusión, y a modo de resumen: si el día de mañana nuestros hijos nos tomaran como referencia para sus propias vidas, ojalá puedan afirmar con orgullo: ‘Quiero construir una relación tan sólida, sana y feliz como la de mis padres’.»
Desde la ciudad Campana (Buenos Aires), recibe un saludo y mi deseo que la vida te sonría y prospere enormemente, derramando sobre ti bendiciones de Paz, Amor mucha prosperidad.
Claudio Valerio- © Valerius



