
La vergüenza aparece ante el temor a ser juzgado por la soledad ante un hecho que creemos sea inadecuado o defectuoso. Se trata de una emoción negativa que nos puede llevar a ocultar algunos aspectos nuestros.
Están quienes se avergüenzan al ser descubiertos en algo y les llega a producir un malestar que podría hasta llegar ser doloroso y muy incómodo. Esta emoción puede llegar al punto de que estén quienes sientan vergüenza de su imagen o aspecto corporal, temiendo de recibir críticas; un ejemplo sería la vergüenza que sienten algunas mujeres cuando se les requiere con un cuerpo ideal, delgado, estereotipos de la sociedad actual que las obliga, indirectamente, a ser dulces, comprensivas, modestas, etcétera.
En el caso de los hombres, socialmente se espera de ellos que sean fuertes y seguros, por lo que una causa de vergüenza es manifestarse vulnerables, o débiles, ante los demás.
Esta emoción, dolorosa y compleja, hace que a muchos les da vergüenza hablar de las cosas de Cristo, de hablar sobre el Evangelio, algo que resultaría estimulante. Pero a estas mismas personas no les da vergüenza engañar al prójimo, mentir, esconderse de quienes les deben algo, o hacer cosas que, a ciencia cierta, se sabe que desagradan a Dios… Qué bendición es poder acostarse después de un día en el que se hizo todo bien, sin fallos, y agradeciendo a Dios por todo lo recibido y experimentado; es, sin dudas, un momento de gran y verdadera felicidad.
Debemos regocijarnos de poder dar testimonio de lo que Nuestro Señor Jesús hace en nuestras vidas y de poder compartir este gozo con otros; debemos regocijarnos al ver que nuestras vidas han encontrado el camino que lleva a la felicidad y paz.
En palabras del Papa Francisco; “Con Dios aprendamos a hablar como un hijo con su papá”…
Hagamos saber nuestra fe, pero no intentemos imponérsela a otros… No importa si nos avergonzamos o no de lo que hacemos; estemos seguros de no avergonzarnos de Cristo, quien murió en la cruz y es nuestro Salvador.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un saludo, y mi deseo de que la vida te sonría y permita que prosperes en todo, derramando sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha prosperidad.
Claudio Valerio- © Valerius




