
Reflexiones sobre la Guerra de Malvinas
Por Juan Carlos Neves. ( Contralmirante Retirado, Veterano de Guerra de Malvinas y Master en Relaciones Internacionales)
Parte II
A pesar de que Argentina aceptó el concepto del “paraguas” que permitió reanudar las relaciones con Gran Bretaña y de la firma de la “Declaración conjunta de las delegaciones de la Argentina y el Reino Unido” de 1990 por la que se establecen medidas de confianza mutua consistentes en la notificación previa de desplazamientos de fuerzas navales y aéreas lo cierto es que la situación de conflicto abierto generó la creación de la Fortaleza Malvinas por parte de Gran Bretaña con los ingentes gastos que ella provoca.
El aeropuerto de Mount Pleasant es el centro de una base militar que alberga a alrededor de 1500 personas entre personal militar permanente (app. 500) y rotativo (app. 1000). Se mantienen allí en forma permanente cuatro aeronaves Typhoon, helicópteros, un destructor de estación (actualmente el moderno “Dauntless”), patrulleros de mar, artillería, misiles Rapier y todos los elementos logísticos de sostén. Además, se entrena regularmente a una fuerza de defensa local y se adiestra al personal militar. Según cifras del Ministerio de Defensa Británico para 1992, diez años después de la finalización de las acciones militares, el gasto de defensa de las islas ya ascendía a 6000 millones de dólares incluyendo la construcción del Mount Pleasant y un costo de defensa de 52.000 dólares por habitante.
Por mucho que el poder militar argentino se haya deteriorado y que el gobierno nacional manifieste unilateralmente que sólo contempla acciones diplomáticas para la recuperación de Malvinas, el gobierno británico no puede dejar de mantener la estructura de defensa de las islas en tanto Argentina no renuncie explícitamente a sus reclamos de soberanía.
Aspectos geopolíticos
La decisión Argentina de enfrentar militarmente a Gran Bretaña representó un hecho histórico con profundas y variadas connotaciones.
Un militar brasileño me expresó un día, en confianza, la preocupación que había causado en su entorno la guerra de Malvinas en los siguientes términos: “Si Argentina fue capaz de enfrentar a la tercera potencia del mundo apoyada por la primera, durante más de 70 días y causarle los daños que le infligió en término de derribos y hundimientos, nos atemoriza pensar lo que podría hacer en una confrontación con Brasil, sobre todo teniendo en cuenta que los argentinos son suficientemente “malucos” (locos) como para ir a la guerra sin medir las consecuencias”. Esa frase me recordó que un elemento esencial en la teoría de la disuasión, además de la capacidad militar, es la percepción de que un país es capaz de usarla llegado el caso.
Desde ese punto de vista la guerra de Malvinas dio una credibilidad al aparato de defensa argentino, entre los profesionales del ámbito regional, que no es percibido fronteras adentro. Hoy, con el debilitamiento manifiesto de nuestro sistema de defensa, esa credibilidad es quizás nuestro único elemento con fuerza disuasoria ante actores regionales que nos han superado ampliamente en términos de capacidades.
Otro factor importante en términos geopolíticos fue la definición que Malvinas forzó en el sistema de lealtades e intereses en América. Los Estados Unidos se vieron enfrentados a la decisión de apoyar a su aliado más firme en la NATO, crucial en el escenario de la guerra fría, o ser fiel a su condición de país americano y a su tradición de no permitir la acción militar de naciones extra continentales en su zona de influencia. Aunque su decisión de apoyar a Gran Bretaña fue previsible, no por ello dejó de tener consecuencias tales como firmar el certificado de defunción de Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y demostrar en forma práctica que los países latinoamericanos no podían confiar su defensa en su aliado del Norte.
Malvinas también alteró el sistema de alianzas implícitas y los tradicionales sentimientos de confianza y desconfianza existentes entre los actores nacionales sudamericanos. El caso más influyente fue el de la relación entre Argentina y Brasil. Existía entre sectores de las fuerzas armadas argentinas la sospecha de que la tradición imperial brasileña y las viejas disputas entre ambos países sólo esperaban la oportunidad para traducirse en una agresión directa. Sin embargo, cuando esa oportunidad surgió, Brasil procedió como un vecino confiable que no sólo honró su condición de país neutral, sino que brindó la ayuda posible a nivel diplomático y aún logístico. Esa actitud fue, en mi opinión, un factor fundamental para permitir el posterior tratado de integración entre Argentina y Brasil que no hubiera sido posible en un clima de desconfianza o con la oposición de los sectores nacionalistas y geopolíticos.
Finalmente el conflicto de Malvinas, única guerra en el siglo XX en que Argentina participó en defensa de intereses exclusivamente nacionales y el único conflicto bélico que escapó a la lógica de la guerra fría luego de la Segunda Guerra Mundial, marcó el fin del factor militar en la vida política argentina y evidenció los inconvenientes de que un único sector controlara el nivel de decisiones políticas y militares.
Sin duda, estas cuestiones y otras que escapan a este análisis marcan la importancia que tuvo el conflicto de Malvinas en términos geopolíticos y que hoy pueden percibirse luego de 30 años, a medida que nace un nuevo movimiento de unidad latinoamericana y que Argentina redescubre el valor de sus combatientes y la proeza épica que significó aquella guerra para un país políticamente aislado y militarmente mucho más débil que sus (dicho en plural) oponentes de entonces.
Estrategias de recuperación
Como en toda pérdida, luego de la guerra de Malvinas, Argentina vivió una etapa de negación, luego una de duelo y es nuestra misión que jamás se llegue a la etapa de resignación pues la causa no ha muerto sino que se ha sufrido la derrota en una batalla de un largo conflicto que comenzó en 1833 y que terminará cuando las Islas Malvinas vuelvan a estar bajo la soberanía de sus legítimos dueños.
En los años posteriores a la guerra, Argentina recompuso las relaciones con Gran Bretaña y ha limitado sus acciones reivindicatorias a los reclamos anuales ante el Comité de descolonización y declaraciones poco efectivas en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Año tras año surge la recomendación de esa organización para que las partes negocien la soberanía, pero como esa recomendación no tiene fuerza dispositiva Gran Bretaña la ignora sin consecuencias. Veamos qué cosas podrían alterar esta rutina inconducente para los intereses nacionales.
En cualquier conflicto se parte de un “status quo” o sea de un estado de cosas determinado que favorece a una de las partes y mantiene disconforme a la otra porque si no fuera así, no habría conflicto. En el caso de Malvinas es evidente que el estado de cosas actual favorece a Gran Bretaña que tiene la ocupación efectiva y cuanto más pasiva sea la Argentina menos proclive será Gran Bretaña a negociar una modificación de la actual situación. El único factor de debilidad que enfrentan los británicos es el costo de la guarnición que, como ya dijimos, no pueden dejar de sostener mientras el conflicto siga abierto. Continúa…





